Una suave melodía rompe el silencio en el salón comunitario de la residencia Rey Fernando. Una flauta travesera da el primer paso en un particular diálogo, al que también se incorpora, de momento, un acordeón. Ambos hablan desde las manos de dos jóvenes intérpretes, que empiezan a caminar por la sala mientras la música empieza a provocar curiosos fenómenos. Al principio solo se perciben algunas sonrisas, pero poco a poco algo extraño se va instalando dentro de cada uno.
Las enfermeras van repartiendo instrumentos y en un abrir y cerrar de ojos la sala se ha convertido en una tertulia musical, baile incluido. No es musicoterapia: se trata de mejorar la afectividad, la emoción y la comunicación de los más mayores a través de la música. En definitiva, mejorar la calidad de vida de aquellas personas internadas en centros sanitarios y sociales. Una experiencia piloto que se pretende implantar en Zaragoza y que aspira a humanizar las instituciones a través de un lenguaje en el que participa no solo el oído sino también la visión.

Fuente. El Periódico de Aragón.S. LACASTA DE ANDRÉS
“La música moviliza las emociones y los recuerdos, es un encuentro de las personas consigo mismas”, cuenta Victor Flusser, el director de este proyecto nacido en Francia hace más de diez años. El despertar de las sensaciones es el fin último de este movimiento, algo que se manifiesta entre los oyentes de las más diversas maneras. Mientras uno se arranca con unos bailes al ritmo de “Me gustas tú”, otro oculta el rostro y sus lágrimas en su pañuelo, quizás abrumado por los recuerdos. “Se trata de despertar la vida que tienen dentro aquellas personas más tristes por su situación”, explica Flusser. También una forma de llenar el vacío que puede provocar un internamiento por problemas de salud.
No solo los usuarios son los destinatarios de esta música. “El objetivo es humanizar las relaciones entre las instituciones y los pacientes, implicar a los profesionales a través de estas acciones que despiertan los sentimientos”, completa Teresa Antoñanza, directora general de Atención al Usuario de la DGA y promotora de esta idea, junto al Área de Enfermería de la Universidad de Zaragoza. La formación de estos músicos va mucho más allá de las notas. Con un título específico a sus espaldas –un máster impartido en la Universidad de Estrasburgo y que quizás pueda en un futuro cursarse en Zaragoza–, estos jóvenes profesionales dominan la psicología, la comunicación no verbal y sobre todo el ámbito de los sentimientos, unos conocimientos que les permiten saber si son bienvenidas en una habitación de un enfermo o si ya es hora de dejar de tocar.
“No buscamos una mejora, solo queremos que los que escuchan se sientan tocados, pero para eso tenemos que aprender a protegernos nosotras. A veces hay personas muy enfermas o en condiciones muy duras y eso te puede destrozar si lo tomas, con la música te puedes alejar”, cuenta Camille, una de las músicas. Es el precio de una comunicación que está dando excelentes resultados en centros sanitarios y sociales y cuyos efectos no son siempre perceptibles. “Aunque parezca que no sienten nada, algo les está pasando por dentro”, afirma. Algo tan invisible como la calidad de vida.
Oso unkigarria iruditu zait.
Mas creo que debieran llegar más allá y proponer una danza de los sentidos. De todos los sentidos…
Muxu bat