Su música parece salida de las entrañas mismas de la tierra. En su acordeón se escucha un poco de selva misionera, de monte, de ríos y la paz de las llanuras. Ese viaje es el que propone el “Chango” Spasiuk por medio de su último trabajo: “Pynandí, pies descalzos”.
Un mundo sonoro que permite viajar, pero sobre todo que recrea un espacio para la reflexión. “Sobre cualquier cosa o universo que a uno le interese: lo social, lo político o hasta abstraerse de lo que comúnmente piensa. Lo importante es que el público la utilice para la reflexión colectiva”, explica el artista.
Mañana espera fortalecer lazos con esta parte de la Argentina. “Estuve un par de veces en Tucumán, pero más que nada en ciudades como Tafí o Simoca y hace varios años. No se dio -o no me invitaron- y eso fue dilatando los tiempos, pero no porque no me importara”, cuenta.
Se trata de un músico en constante avance y cambio. Siempre buscando renovar su repertorio de sonidos, logrando que cada disco se convierta en una nueva paleta con la cual va a pintar su mundo. Es un gran embajador de la música litoraleña, aunque él prefiere no encasillarla en una melodía especial. “La música es eso, música. No importa si es zamba o chacarera. Es la posibilidad de saborear algo más, mediante la sensibilidad”, reflexiona.
Seguramente, sus composiciones siempre tendrán algo de Tránsito Cocomarola y Antonio Tarragó Ros (padre), artistas que le habrán servido de inspiración. Compartió escenario con folcloristas, como Mercedes Sosa, pero también con bandas de blues y jazz.
- Cuando tocás te abstraes y parece que viajás…
- (risas) Quizás la realidad sea ese otro lugar. La música es la posibilidad de acceder a algo. La música es -cómo lo explicaba Atahualpa- como una antorcha que usan los pueblos para ver la belleza del camino.
- ¿Invitás a la gente a ir con vos a esa otra realidad?
- Es tratar de ir con los demás. Yo me corro, no creo que el músico tenga sólo algo para dar y el público esté para recibir. El músico está en la misma situación, es una necesidad mutua.
- ¿Y cómo es ese lugar?
- No importa dónde sea siempre que la gente quiera estar allí. Lo mío no es el entretenimiento, sino la reflexión como individuo y como sociedad.
- ¿Cuál es tu preocupación?
- Mi atención esta puesto en lo que se ve, pero también en decirle a la gente que hay otros pequeños universos para escuchar. No me gusta ponerme en el lugar de levantar una bandera que nadie levanta. Lo que hago es importante para mí. Es el propio camino individual.
La cuna
Spasiuk tiene raíces ucranianas y su vida la pasó en Misiones, donde se radicó la familia. Los primeros acordes que retumbaron en su acordeón tuvieron el sabor del chamamé. Ahora se dedica a pasear su música no sólo por Argentina, sino por toda Europa. “Siempre estoy viajando. En septiembre anduve por Bélgica y Suiza. Hace 13 años que no volví a tocar a Ucrania”, comenta.
El año pasado ganó el premio Atahualpa en la categoría “Solista Instrumental” y el premio Gardel al “Mejor Album-Artista Masculino de Folklore¨.
“Me gustan los reconocimientos, más si vienen de periodistas y colegas, porque se dan en un contexto en el que valoran y respetan lo que hago”, enfatizó el “Chango”.
Además, de Tucumán también estará en Salta y Santiago del Estero. “Espero que los tucumanos nos se olviden de mi música”, se ilusionó.
Texto extraido de lagaceta.com.ar (23-11-11)