
Una suave melodía rompe el silencio en el salón comunitario de la residencia Rey Fernando. Una flauta travesera da el primer paso en un particular diálogo, al que también se incorpora, de momento, un acordeón. Ambos hablan desde las manos de dos jóvenes intérpretes, que empiezan a caminar por la sala mientras la música empieza a provocar curiosos fenómenos. Al principio solo se perciben algunas sonrisas, pero poco a poco algo extraño se va instalando dentro de cada uno.
Las enfermeras van repartiendo instrumentos y en un abrir y cerrar de ojos la sala se ha convertido en una tertulia musical, baile incluido. No es musicoterapia: se trata de mejorar la afectividad, la emoción y la comunicación de los más mayores a través de la música. En definitiva, mejorar la calidad de vida de aquellas personas internadas en centros sanitarios y sociales. Una experiencia piloto que se pretende implantar en Zaragoza y que aspira a humanizar las instituciones a través de un lenguaje en el que participa no solo el oído sino también la visión.

Fuente. El Periódico de Aragón.S. LACASTA DE ANDRÉS